No obstante que la depresión constituye un trastorno de orden psiquiátrico, son muchas las ocasiones en que el paciente busca ayuda del neurólogo.

Los neurólogos por lo tanto, debemos estar preparados para valorar a estos pacientes o bien, para identificar dicha afección en nuestros pacientes con enfermedad neurológica de base.

Por lo anterior podemos distinguir 3 situaciones diferentes:

1. Cuando tenemos a un paciente que acude por primera vez a consulta neurológica y que muestra los típicos datos de depresión como son: tristeza, falta de interés en sus actividades cotidianas, ideas de culpa, desesperanza, llanto ante casi cualquier situación, insomnio, pérdida o disminución importante del apetito e incluso ideas de auto-destrucción o ideas suicidas. En estos casos la exploración neurológica y los estudios de gabinete que se llegan a solicitar arrojan resultados normales y entonces se concluye en una depresión pura.

2. Cuando el paciente llega a consulta y además de los datos de síndrome depresivo ya mencionados, muestra alteraciones en la exploración neurológica: trastorno de las funciones mentales (estado de conciencia, orientación, memoria, atención, concentración, lenguaje, habilidades viso-espaciales, cálculo, escritura, etc.); parálisis o disminución de la fuerza muscular en 1 o varias extremidades; alteraciones sensitivas, visuales o auditivas; trastornos del equilibrio y/o la marcha; movimientos anormales y muchas alteraciones más.

3. Cuando tenemos un paciente con una enfermedad neurológica de base como por ejemplo: Enfermedad de Parkinson, demencia tipo Alzheimer, esclerosis múltiple, esclerosis lateral amiotrófica, cefalea, secuelas de infarto cerebral, dolor neuropático, etc., y de manera insidiosa inicia con datos de un síndrome depresivo  secundario. En estos casos se considerará que el síndrome depresivo está en plena relación con la enfermedad neurológica ya conocida.

Además de lo antes expuesto, se debe considerar que en muchas ocasiones un síndrome depresivo puede ser la manifestación inicial de varios trastornos neurológicos, meses o incluso años antes de que aparezca dicha enfermedad. Esto puede ocurrir en las demencias (Alzheimer, fronto-temporal, vascular, etc.) y en la enfermedad de Parkinson.

Por otro lado, hay que considerar que un síndrome depresivo no es cualquier cosa, es una afección que puede afectar la funcionalidad del individuo en su vida académica, laboral, social y marital, pudiendo degenerar en el peor de los casos en intentos suicidas y desgraciadamente en muchas ocasiones no quedar en intento, sino lograrlo.

La depresión puede llegar a ser como podemos darnos cuenta, una condición devastadora y hay que identificarla y tratarla enérgicamente.

Por todo lo anteriormente expuesto, es de saber que cualquier tipo de depresión requiere una valoración especializada y es importante que exista un manejo multidisciplinario.

El psiquiatra y el neurólogo deben trabajar conjuntamente cuando así se requiera.

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