Además de los daños ya bien conocidos que el alcohol produce a nivel hepático, es importante mencionar los diversos trastornos de tipo neurológico causados por el exceso en el consumo de bebidas alcohólicas.

Los daños que el alcohol causa en el sistema nervioso, se pueden dividir en dos tipos principales:

1. Daño en el Sistema Nervioso Central (cerebro y médula espinal).- En primer lugar hay que mencionar la lesión que el alcohol produce en una parte del cerebro llamada cerebelo (la cual se encarga entre otras cosas del equilibrio y la coordinación de los movimientos). Cuando una persona consume por tiempo prolongado y en grandes cantidades bebidas alcohólicas, el cerebelo sufre una reducción en su tamaño y en el número de sus células funcionantes, es decir, se atrofia, lo cual lleva a un síndrome cerebeloso que consiste en alteraciones de la marcha, desequilibrio e incoordinación de movimientos.

El alcohol en exceso con el tiempo también puede lesionar una parte del cerebro que se llama cuerpo calloso (una comisura que conecta a los dos hemisferios cerebrales) y con esto produce un trastorno conocido como Síndrome de Marchiafava-Bignami que consiste en la desorganización de los procesos de comunicación entre los hemisferios cerebrales y da un cuadro clínico similar a la demencia.

A nivel de la médula espinal, el alcohol puede causar un síndrome caracterizado por afectación de la vía motora más importante (vía piramidal) y una vía sensitiva situada en la parte posterior de la médula espinal (cordones posteriores) y se manifiesta en la clínica por disminución de la fuerza muscular en las extremidades combinada con pérdida de la sensación de vibración, peso y presión en tronco y extremidades, lo cual se conoce en neurología como degeneración combinada subaguda de la médula espinal.

2. Daño en el Sistema Nervioso Periférico (nervios craneales y nervios raquídeos).- El consumo de alcohol (sobretodo combinado con el de tabaco) pueden causar un proceso llamado Neuropatía óptica alcohólico-tabáquica que afecta al nervio óptico en forma bilateral y puede causar desde disminución moderada de la agudeza visual, hasta ceguera permanente e irreversible.

El consumo crónico de alcohol puede afectar de manera considerable la función de nervios periféricos tanto motores como sensitivos, produciendo lo que se conoce como neuropatía periférica o polineuropatía alcohólica. El cuadro clínico en este caso está manifestado por debilidad en extremidades, dolor neuropático en 1 o en las 4 extremidades y sensaciones anormales en manos y pies conocidas como parestesias. En ocasiones el dolor neuropático es intenso y difícil de controlar en estos pacientes.

En el caso en que el paciente tenga antecedente de consumo crónico e intenso de alcohol y que su patología esté orientada al sistema nervioso (ya sea central o periférico), el neurólogo deberá decidir entre un grupo de estudios de laboratorio y gabinete que le podrían ser útiles para corroborar lo obtenido durante el interrogatorio y la exploración neurológica.

Cada caso debe analizarse en forma individual y solicitar el estudio que se adapte a la situación en particular de los enfermos.

Por ejemplo, si sospechamos una atrofia cerebelosa, el estudio más adecuado será la resonancia magnética de cráneo; si se busca una neuropatía óptica por alcohol, de utilidad serán los potenciales evocados visuales; y si queremos comprobar la presencia de una neuropatía periférica secundaria a alcohol, debemos solicitar un estudio de neuroconducción motora y sensitiva (velocidades de conducción nerviosa).

En conclusión, el consumo excesivo y crónico de alcohol es altamente dañino para el sistema nervioso (neuro-tóxico) y la mejor arma que tenemos contra  esto es la prevención.

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