Una de las principales causas de visita al pediatra, a los servicios de urgencias y al neurólogo, es la presencia de crisis convulsivas relacionadas a fiebre.

Fiebre es la elevación de la temperatura corporal por arriba de los 38°C, frecuentemente por procesos infecciosos como son las infecciones de vías respiratorias altas y/o bajas, gastroenteritis con deshidratación o sin ella, infecciones de vías urinarias, enfermedades exantemáticas (varicela, sarampión, rubéola, etc.), infecciones dentales, etc.

Pues bien, las crisis convulsivas febriles suelen presentarse en niños de 6 meses a 5 años de edad que están cursando con un proceso febril como los ya mencionados. La causa de que se presenten estas crisis no se conoce del todo, pero se sabe que existe una susceptibilidad de tipo heredo-familiar para presentarlas.

Se conocen dos tipos de crisis convulsivas febriles de acuerdo a sus características clínicas:

1. Las crisis febriles simples son breves, duran menos de 15 minutos y no son de tipo focal, son tónicas (con aumento del tono muscular) o tónico-clónicas generalizadas. Es raro que se presente más de una en 24 horas. En estos pacientes no se identifica daño neurológico y no se espera que en el futuro el paciente presente fenómenos convulsivos.

2. Las crisis febriles complejas tienen una duración más prolongada, son focales o al menos lateralizadas y tienden a repetirse más de una vez en el día. La probabilidad de asociación futura con epilepsia es mayor en estos casos.

Por lo anterior, cuando se sabe que un niño suele presentar crisis convulsivas cuando tiene fiebre, debe de ser llevado inmediatamente al médico cuando curse con un proceso infeccioso. Si su temperatura corporal empieza a subir y rebasa los 38°C, se deben tomar medidas de control de la fiebre como son los medios físicos (baño con agua tibia) y la administración adecuadamente dosificada de medicamentos antitérmicos (siempre con supervisión médica). El médico de primer contacto evaluará si existe la necesidad de prescribir tratamiento antibiótico.

La valoración posterior y especializada de estos casos corresponde al neurólogo para diferenciar adecuadamente entre una crisis febril simple, compleja o bien si se trata de un síndrome epiléptico.

Para lo anterior es de gran utilidad la realización de un electroencefalograma digital para establecer si existen grafoelementos epileptiformes. En términos generales en los casos en que se trata sólo de crisis convulsivas febriles y no de una Epilepsia como tal, este estudio debe ser normal.

Cuando se trata sólo de crisis convulsivas febriles, no está indicado el tratamiento antiepiléptico.

Lo que si es indispensable, es que el especialista se asegure de que el paciente tiene una exploración neurológica normal, que el EEG es normal y que no existen otros fenómenos acompañantes de las crisis convulsivas febriles, como serían la regresión del desarrollo neurológico del niño o la presencia de varios tipos de crisis convulsivas.

La recomendación de siempre para los padres de familia, es consultar a su médico (debidamente certificado) y actuar rápidamente.

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